¿SE NECESITA CONFIANZA PARA SER FELIZ?

  

Según el conductismo, la confianza puede considerarse un refuerzo positivo para el desarrollo del individuo. Es la que nos permite creer en nosotros mismos, ayudándonos a tomar nuestras propias decisiones. Pero a pesar de su importancia interpersonal, la confianza reside en las interacciones sociales, ya sea en un entorno cercano o más externo.

            Cuando somos niños, desarrollamos una confianza irracional hacia nuestros padres. Acudimos a ellos tanto para mostrar nuestros logros como para recibir ayuda a la que las situaciones se complican, buscando un lugar donde sentirnos seguros. Esto se debe a la creencia de nuestra incapacidad a la hora de afrontar determinados aspectos. Hay confianza si el miedo se ausenta.

Hablar de confianza es creer en suposiciones. Adelantarnos a futuros acontecimientos para que estos resulten de la manera que deseamos.

Es posible que si las personas fuésemos totalmente sinceras no necesitaríamos de la confianza. Como ya hemos visto, para que haya confianza se necesita un valor desconocido adjunto a un valor previamente conocido. De ahí que la acción no sea al momento, sino a futuros acontecimientos.

            Al confiar en una persona, en nuestra mente, grabamos una previa información. Si es una amiga, nosotros conocemos su forma de comportarse, cuáles suelen ser sus intenciones, sus gustos, … Es decir, generamos una idea de ella; confiando en no estar equivocados.

            Por naturaleza mentimos, a mayor o menor medida, pero mentimos. Y sea cual sea la relación que mantengamos con la otra persona siempre nos encontraremos con esa posibilidad de que lo que conocemos pueda ser una mentira. Y justamente esa posibilidad es la que hace posible la confianza, porque la plena seguridad es inexistente.

 

El RESET de la confianza

La adolescencia es el punto y aparte del desarrollo. En los años que se extiende esta fase, hacemos el camino que deja a atrás a nuestra parte más infante y buscamos completar la otra que nos permitirá identificarnos ante los demás una vez seamos adultos. Lo que se conoce como madurar.

            Cuando maduramos, también lo hace nuestra confianza. Pensad que nuestro primer contacto solitario con el mundo exterior es en la época en la que somos adolescentes. Siendo habitual el distanciamiento en nuestro progreso.    

Generalmente se suele decir que cuando somos adolescentes solemos mostrar seguridad por cobardía, y realmente así lo creo.

            El adolescente que se plantea quién es y qué quiere ser, le invaden los miedos. En cierta manera se ve solo, pequeño, ante el mundo que le espera. Una vez más, estamos ante la incoherente sensación que todos poseemos de querer saber y al miedo a desconocer. Dando como resultado la desconfianza porque lo que no hace un adolescente, independientemente de las experiencias que lleve a cuestas, es dar las cosas por hecho. Es la fase de rebeldía, de plantearse nuevas posibilidades, de cuestionar… De cuestionar aquello que un niño suele agarrar dependencia, si la seguridad que nos proporcionaban nuestros padres era realmente por nuestro bien.

¿Qué ofrece el instituto A.M.I. para que el paciente recupere la confianza?

Vivir con miedo no es una opción, y es por eso que en el instituto A.M.I. ofrecemos una amplia variedad de técnicas para trabajar con nuestros pacientes. De esta manera, no solo ayudamos a nuestros pacientes a resolver sus conflictos, sino que además, utilizamos un medio en el que trabaje y se sienta cómodo.        

En el siguiente link:  https://institutoami.com/blog-instituto-ami/ podéis acceder a nuestro blog en el que hablamos de algunos de nuestros métodos. Y si deseáis más información o poneros en contacto con nosotros: https://institutoami.com/contacto-instituto-a-m-i/

Conclusión

¿Se necesita confianza para ser feliz?

La comodidad es una característica que nos define. Es por eso que estamos en constante búsqueda del bienestar, del equilibrio personal. Por una parte, es natural sentir miedo, pero también necesitamos del valor para poder progresar, decidir, vivir. Una dualidad semejante a querer saber y al miedo a estar equivocados.

Necesitamos de la confianza porque es el resultado de ambas partes esenciales, pero, ¿la felicidad necesita de la confianza?

Quién sabe. Es posible que algún día podamos responder a la pregunta.

¿Qué ofrece el instituto A.M.I?

El instituto A.M.I no sólo emplea técnicas previamente conocidas como podrían ser la regresión o el análisis de sueños para hallar respuestas a las cuestiones que nos plantea la angustia y así comprenderlo. Sino que además, pone en práctica diferentes técnicas desarrolladas exclusivamente por el instituto que ayuda a lidiar no solo de una manera creativa sino también interactiva. Un amplio catálogo de posibilidades para escoger, otorgando la posibilidad al paciente de encontrar el método más cómodo.

Entre las técnicas se encuentran: diálogo con figuras inconscientes, la técnica de los cubos o la técnica de reescritura A.M.I, entre otras.

Adaptarse a la depresión no es tratar con ella, es un impedimento que nos priva de un bienestar del que todos tenemos derecho a satisfacernos 

 

Show Buttons
Hide Buttons